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Por:
Humberto Alvarez Laverde.
MBA por el IESE, Universidad
de Navarra
Graduado en Dirección Industrial por el Asia Bunka
Kankan de Tokio, Director General de Advanced Productive
Solution, S.L. responsable de los portales ceroaverias.com
y areatpm.com
Uno de los errores
habituales en la fase de inicio del TPM consiste en
asignarle el proyecto a un directivo de la empresa la
responsabilidad de implantarlo. Debido al
desconocimiento de los directivos superiores sobre los
procesos fundamentales TPM, se opta por esta
alternativa, creyendo que este “responsable” se
encargará de todas las actividades, como se hace en otro
tipo de proyectos. En este documento se estudian
alternativas para dar los primeros pasos en la puesta en
marcha del TPM.
Análisis
Un primer punto que los
directivos responsables deben tener claro es que el TPM
es un proyecto que afecta a toda la organización. No
debe ser visto como un programa más para la función de
mantenimiento, o un plan para asignar responsabilidades
de mantenimiento a los operarios. El TPM es un proceso
de mejora de la productividad de todo el negocio, de ahí
el nombre de “total” o participación total.
Como proyecto global del
negocio (Company-Wide TPM), el TPM involucra a todas las
áreas funcionales de la empresa en la dirección del
proceso TPM. La figura organizativa más utilizada por
las empresas que han logrado el Premio PM (otorgado por
el Instituto Japonés de Mantenimiento de Plantas - JIPM)
para la dirección del TPM, es la creación de un Comité
TPM. Esta es la figura máxima para el liderazgo del TPM
en una empresa. Este comité está constituido por el
equipo de directivos superiores de la corporación.
Dentro de este equipo, se crean subcomités (normalmente
ocho – uno para cada pilar TPM), quienes se
responsabilizan por el proceso de implantación y
seguimiento de los procesos fundamentales TPM:
-
Mejoras Enfocadas,
-
Mantenimiento Autónomo,
-
Mantenimiento Planificado,
-
Liderazgo y organización,
-
Mantenimiento de Calidad,
-
Prevención del
Mantenimiento,
-
Seguridad, higiene y medio
ambiente,
-
Mantenimiento en Áreas
Administrativas
Cada subcomité prepara el
“Plan Maestro”para cada pilar y estos son planes son
integrados en un plan único para la empresa (TPM Master
Plan).
Una segunda figura
organizacional utilizada para la gestión del TPM es la
del Coordinador o "Facilitador". Esta función no es la
de un
“responsable” de implantar TPM. Es la figura utilizada
para apoyar logísticamente el proceso de implantación,
mantener unidad de criterios en todas las áreas del
negocio, aprovechar sinergias, gestionar las relaciones
con los formadores y consultores externos, apoyar el trabajo de
“campo” que se realiza, como también, la gestión de los minutos
diarios TPM, diseño y suministro de los tableros de
gestión visual, suministro de tarjetas de mantenimiento
autónomo y otras numerosas actividades de apoyo en cada
uno de los pilares.
En la etapa “cero” para
una empresa en la que no se conoce el funcionamiento del
TPM, es frecuente que la dirección de la empresa asigne
el trabajo de exploración a un equipo reducido de
directivos. Este trabajo asignado a este equipo consiste
en estudiar los conceptos, asistir a seminarios, visitar
empresas con experiencias TPM y adquirir la mayor
cantidad de información sobre el tema. Este equipo,
llamado como “equipo de curiosos sobre TPM”, prepara una
propuesta para la dirección, sobre la estrategia de
implantación del TPM. Es muy probable que varios o todos
los directivos del “equipo de curiosos”, posteriormente
actúen como líderes de algunos de los pilares TPM y se
incorporen al Comité TPM otros directivos que no han
participado en el estudio exploratorio.
Una práctica no
recomendable es la de asignar la responsabilidad de
investigación del tema y el estudio de las posibilidades
del TPM a un único directivo, ya sea de producción, RRHH,
ingeniería u otras áreas funcionales. Sin embargo, es
muy frecuentemente en las industrias, que el encargado
de esta labor sea el jefe o responsable de
mantenimiento. El problema no está en la selección del
área asignada o del directivo. El problema radica en que
este directivo se “quede” en el futuro como único y
máximo responsable del TPM. Es aquí donde se comete el
error en el diseño de la organización para la dirección
del proceso TPM. Para los máximos responsables del
negocio es más práctico y simple, asignar la
responsabilidad del TPM a un directivo y posteriormente,
pedirle cuentas sobre el avance del programa. No
se involucra todo el equipo de dirección y existe poca
participan en la gestión del proceso. Simplemente
esperan y exigen resultados, más no actúan como
integradores de un equipo de directivos que se han
“repartido” y asumido los pilares TPM en pequeños
subgrupos.
Una vez superado el tema
del diseño organizacional para el proyecto TPM; es
necesario definir los objetivos y propósitos del TPM a
alto nivel. Es necesario nuevamente insistir, que el TPM
es un proceso que afecta a toda la organización y es por
este motivo se deben establecer objetivos de alto nivel
de la empresa.
El siguiente paso en el
proceso de preparación de la organización y de promoción
del TPM, consiste en diseño y desarrollo de los procesos
de formación para los líderes de pilar y realización de
las primeras experiencias piloto. Los integrantes de
cada uno de los comités de pilar, deben prepararse para
asumir el liderazgo de cada proceso TPM. Una
recomendación clave del JIPM consiste en realizar una
experiencia liderada por los responsables máximos de los
pilares. Esta experiencia llamada “modelo directivo”,
tiene como propósito aprender a realizar TPM en una
situación real de la empresa. Recordemos que uno de los
conceptos teóricos organizacionales en que se apoya el
TPM, es la visión de la empresa como una organización en
aprendizaje (learning organization). Con el conocimiento
adquirido a partir del modelo directivo, los directivos
tienen argumentos y la práctica necesaria para preparar
el Plan Maestro para el desarrollo del TPM en toda la
organización.
Conclusión.
Hemos revisado algunos de
los detalles “descuidados“ en el management del TPM.
Algunas empresas han asumido el TPM como un proceso
técnico y han olvidado que el TPM, es un proceso de
intervención y de transformación de la organización. En
la práctica del TPM no se trata de crear grupos
autónomos, entregar las labores de mantenimiento a los
operarios o aplicar un programa informático para mejorar
la planificación del mantenimiento preventivo. TPM visto
desde la óptica amplia de una estrategia para crear
capacidades competitivas desde el interior de una
empresa, exige crear una nueva cultura de trabajo, una
forma diferente de concebir el proceso directivo, creer
en que los niveles máximos de productividad se logran
cuando el individuo que integra una organización,
participa efectivamente en el despliegue de políticas y
asume responsabilidades autónomas para la gestión de su
labor o trabajo.
“TPM es management, no una
técnica de mantenimiento”
Barcelona, España. 2004 |
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