Para implantar el TPM es necesario tener en cuenta factores
organizativos clave para poder transformar eficazmente la empresa hacia una nueva cultura
de la productividad y para que los centros productivos se transformen en verdaderas
capacidades competitivas, o como llaman los académicos de la estrategia los centros
productivos sean verdaderos recursos estratégicos.
Para
implantar TPM en una organización se requiere un buen plan de actuación o Plan Maestro.
Sin embargo, los directivos experimentados son enfáticos al declarar que es mucho más
fácil desarrollar un Plan Maestro sólido que hacer que suceda. En palabras
de un directivo que lidera una fábrica del sector del automóvil, ha sido fácil
decidir hacia donde queríamos ir. La parte difícil es lograr que la organización actúe
de acuerdo a las nuevas prioridades establecidas para el TPM. Otro directivo
comentaba el solo hecho que la dirección en el kickoff o lanzamiento oficial del
TPM en la empresa haya anunciado la necesidad urgente de implantarlo, no significa que los
integrantes de la empresa estén de acuerdo con el TPM. Algunos pueden ser escépticos por
diferentes motivos, el más frecuente es quizás el desconocimiento de lo que implica TPM
para su trabajo y potencial peligro de la seguridad de los sistemas
tradicionales de trabajo poco cuestionados hasta ahora. Los intereses creados, la inercia
y las practicas organizativas arraigadas numerosas veces no encajan cuando los directivos
deciden una nueva estrategia como el TPM e inician el trabajo de ponerla en práctica, en
especial cuando sólo unas pocas personas se han involucrado en su diseño.
Para
la puesta marcha del Plan Maestro se requiere de un liderazgo experto para vencer los
focos de duda y desacuerdo, crear un consenso sobre cómo proceder, lograr el compromiso y
cooperación e integrar todos las partes que deben actuar para el desarrollo de los
diferentes pilares TPM. Existe una creencia que para iniciar el TPM se debe preparar la
planta para la limpieza y eliminación de pérdidas en los equipos y procesos; sin
embargo, se desconoce o no se da el suficiente valor a las acciones requeridas para la
transformación de la cultura y de los sistemas de dirección existentes en la empresa
para lograr alcanzar una actuación sobresaliente característica de un nuevo modelo de
productividad general de la empresa. Implantar TPM exige tener claro que la empresa se
debe orientar hacia un nuevo pensamiento de la necesidad de mejora de todas sus acciones y
en especial, tener claro que para lograrlo es necesario contar con el compromiso de todas
las personas de la organización. Un proyecto eficaz TPM implica mover a toda la
organización hacia un nuevo concepto de productividad. Esta es la tarea más exigente de
los líderes de una empresa que ha decidido poner en marcha el TPM.
Una
de las claves para la puesta en marcha del TPM en forma exitosa es que la dirección
comunique el motivo del cambio estratégico que se inicia en los centros productivos con
tanta claridad y en una forma que logre el interés en un principio y un compromiso total
en todos los niveles para llevar a cabo esta estrategia. Se debe crear el suficiente
entusiasmo para lograr que la puesta en práctica del TPM sea una verdadera cruzada contra
todo lo que sea despilfarro en la organización. Sin embargo, no existe o es imposible
contar con un menú de trayectorias para implantar con éxito la estrategia TPM en
compañías occidentales. Los pasos sugeridos por el JIPM deben se tomados como pautas
concretas para abordar el trabajo. La implantación del TPM en empresas con carácter
latino es la menos estudiada; la mejor evidencia de lo que se debe hacer o no se debe
hacer proviene de las experiencias reportadas y de las lecciones aprendidas por los
directivos y de las compañías. A continuación no pretendo presentar una lista de
verificación, sino resumir algunos de los puntos que se deben tener en cuenta en la
reflexión para el inicio de una estrategia como TPM.
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Diseñar una organización con
los componentes, capacidades y recursos para llevar a cabo la estrategia. Empresas
ganadoras del Premio PM como Unilever, Milliken y otras, emplean una estructura simple y
muy eficaz para el desarrollo del TPM. El equipo directivo de un centro productivo forma
el comité TPM. Cada directivo o pequeños grupos de directivos constituyen el equipo
líder de cada pilar TPM. El objetivo consiste en involucrar a todos los directivos en la
dirección de las acciones TPM. La coordinación de estos equipos la realiza la dirección
superior del centro productivo. El segundo elemento organizativo es la coordinación, que
en algunas empresas ganadoras del Premio PM lo definen como secretaría TPM o facilitador
TPM. No es aconsejable asignar el proyecto a una sola persona de la empresa, especialmente
con la interpretación de responsable. Esta figura de un diseño organizativo
deficiente puede conducir a dificultades en la realización de la estrategia TPM. Una
tercera figura organizativa son los equipos de trabajo a nivel operativo. Estos equipos
son los responsables de ejecutar numerosas acciones TPM.
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Asignar presupuestos para el
desarrollo de la estrategia TPM. Implantar TPM implica realizar acciones que requieren
inversiones. Es posible que la más significativa tiene que ver con la recuperación del
deterioro acumulado de los equipos de las instalaciones industriales. Si se pretende
mejorar el nivel de productividad de una planta, es necesario mejorar la gestión de los
equipos, mejorar el mantenimiento preventivo y esto exige inversiones que se recuperarán
posteriormente con los mejores niveles de productividad y utilización de los equipos.
Otro factor es la formación técnica de los niveles operativos y la mejora de la
capacidad de gestión de los mandos medios y encargados.
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Establecer políticas y
procedimientos que respalden la implantación del TPM. Las acciones TPM requieren de un
sistema de gestión que estimule la mejora continua y la responsabilidad de los
integrantes de la organización por los procesos productivos. Es necesario establecer las
reglas del juego como objetivos específicos de mejora de la Efectividad
Global de Procesos (OEE), índices de gestión, sistemas de control de las rutinas y todo
aquello que ayude a mejorar el management de las operaciones industriales.
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El modelo de control es
fundamental. Es necesario implicar a toda la organización en las acciones de
autocontrol; un buen diseño de sistemas de control de una estrategia TPM debe
contemplar la utilización de mecanismos de gestión visual, auditorias de progreso por
etapa en cada uno de los pilares y la aplicación permanente del Ciclo Deming (PDCA) como
principio de las acciones de mejora permanente.
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Desarrollar sistemas de
comunicación eficaces que permitan que el personal de la compañía pueda realizar su
trabajo alineado a los objetivos de la empresa. El TPM en igual forma como el
TQC se apoya en modelos de comunicación informales como encuentros, jornadas internas,
comunicación visual enter otros, como medios para mantener el entusiasmo de los
trabajadores con los objetivos establecidos. Un buen ejemplo son las reuniones de
trabajadores en los empalmes de turnos en una fábrica para comentar logros, plan de
trabajo de acciones TPM y problemas rutinarios. El sistema de dirección conocido como
Hoshin Kanri o Dirección por Políticas será de gran ayuda para lograr una base
excelente de comunicación funcional e interfuncional.
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Cerrar el ciclo de gestión con
la evaluación del desempeño, reconocimiento y programas de motivación. Es necesario
reconocer los logros, siguiendo los mecanismos actuales o nuevos diseñados
específicamente para el TPM. Una buena ejecución de las acciones TPM deben tener un
reconocimiento por parte de la dirección y de todos los integrantes de la empresa. Es
necesario contar con un plan específico para este punto.
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Crear un ambiente de trabajo
participativo y de capacidad para resolver problemas en forma autónoma. Una cultura de
creer en la capacidad del trabajador ayudará a introducir acciones autónomas
presentes en el TPM como en el Mantenimiento Autónomo. Esto exige que la dirección
promueva la formación permanente del trabajador y la asignación gradual de
responsabilidades mayores. El directivo debe mejorar su capacidad de asumir riesgo
controlado, ya que la urgencia de controlar todas las acciones, ya sea por desconfianza o
estilo de gestión, imposibilita el desarrollo de nuevas capacidades latentes en el
trabajador. Otro aspecto a tener en cuenta en los factores culturales es la necesidad de
ir eliminando progresivamente la interpretación existente en las empresa de la división
del trabajo entre mantenimiento y producción. El viejo principio yo opero y tu
reparas es necesario erradicarlo de una empresa industrial. Esta es una
responsabilidad de los líderes de las diferentes áreas funcionales.
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Ejercer liderazgo para impulsar
la puesta en práctica. La continua comunicación personal de los líderes con los
integrantes de los equipos, la energía permanente de valorar avances, las señales
coherentes que se envían a los niveles operativos son fundamentales para mantener el
entusiasmo en las personas. Es necesario comprender la existencia de la estrategia dual un
directivo: debe dirigir, esto es, lograr los objetivos de la empresa y también, debe
liderar o transformar la empresa simultáneamente. Existen numerosos directivos que
logran resultados cada año, sin embargo, no logran renovar la capacidad competitiva de la
empresa. Para el éxito del TPM se requiere una alta dosis de aplicación de esta
estrategia dual de líder y directivo.
Tomado
del trabajo de investigación TPM: Liderando la revolución de la productividad en
la fábrica realizado por Humberto Alvarez Laverde.
Director del portal www.ceroaverias.com |