Confianza: un factor para que el TPM sea perdurable y efectivo

El management de TPM y de una fábrica, es un factor determinante para lograr resultados superiores y que estos se mantengan a través del tiempo. Los conceptos de dirección (management) tradicionales desarrollados bajo la propuesta de administración científica por Frederick W. Taylor para resolver los problemas de productividad, han quedado obsoletos. Sin embargo, la gran mayoría de industrias siguen empleando diferentes versiones de la propuesta de Taylor. ¿Qué hizo Taylor? Su contribución se puede resumir en dos puntos: a) Examinar el trabajo manual y b) Desagregar la destreza física en tiempos y movimientos.

Para asegurar que la productividad del trabajo se alcance, Taylor propone, establecer una separación radical entre actividad de ejecución del trabajo, realizada por el obrero, y la actividad de diseño, realizada por el ingeniero.

La solución propuesta por Taylor para incrementar la productividad, condujo a la creación de la fingura de autoridad del “capataz” y esto conllevó al desarrollo del sistema de dirección conocido como “mando y control”, como mecanismo de regulación del trabajo. Ello implica impartir las órdenes e instrucciones, supervisar su cumplimiento y sancionar el incumplimiento.

En términos generales, la estructura de la empresa tradicional que en sus inicios se levantó para garantizar los rendimientos de maximo trabajo, actualmente se ha convertido en el principal obstáculo para el logro de tales rendimientos, para el desarrollo de iniciativas nuevas como 5S, TPM, Lean y sistemas de Excelencia Operacional.

El sistema de mando y control, tiene problemas muy serios. Por un lado, no logra obtener del trabajador su pleno potencial, especialmente, en aquellos empleados que poseen conocimientos superiores, tanto por sus estudios básicos, como por la necesidad de contar con estos para realizar operaciones con equipos tecnológicos, que en el pasado no existían. Mando y control no impulsa al trabajador a aprender y a innovar, sino que subutiliza lo que este ya sabe, desaprovechando sus competencias presentes. Quienes dan instrucciones saben menos que quienes las reciben y desconocen lo que estos podrían hacer.

Hacia una nueva forma de dirección

La empresa, no puede dejar de realizar algún tipo de supervisión sobre el conjunto de tareas individuales, para asegurar que ellas sirvan a los objetivos empresariales. El TPM permite crear espacios significativos de autonomía responsable a los empleados, permitiéndoles explorar y experimentar soluciones a los problemas que oportunamente detectan. Su énfasis deberá desplazarse de un control de acciones, a una gestión de resultados. Pero no se trata de limitarse a esperar que esos resultados se produzcan para entonces evaluarlos.

En lugar del mando y control, la confianza será el eje central del nuevo management en empresas para nueva era. El obsoleto sistema de mando y control funciona pues se apoya en la fuerza del miedo. En nuestra práctica de consultoría, tenemos la oportunidad cada día de observar y percibir la emoción del temor y del miedo en los mandos, jefes y operarios. Esta es una barrera importante para hacer que los procesos participativos funcionen y ofrezcan resultados. El funcionamiento correcto del TPM invita a las empresas eviten el paradigma de la empresa tradicional. El síntoma principal de la crisis del mando y control ha sido la pérdida de su efectividad, que con TPM, Lean y otra estrategia, difícilmente se podrá superar, ya que estos procesos contribuyen a resolver asuntos técnicos. El verdadero cambio que se requiere está en la evolución del management de la industria.

La confianza es el fundamento de toda relación social que no esté sustentada en la fuerza. Una relación sustentada en la confianza no es necesariamente una relación entre iguales. En las relaciones sustentadas en la confianza, el poder se ejerce por autoridad y no recurriendo a la fuerza. Si la confianza tiene el efecto de disolver el miedo, de permitirnos mirar hacia el futuro con una dosis mayor de optimismo, de reducir la incertidumbre y disminuir la complejidad, podemos reconocer que la confianza se trasforma en un requisito fundamental para actuar. El miedo y desconfianza muchas veces inhiben, congelan, paralizan, inmovilizan. La confianza nos lanza hacia adelante, nos pone en movimiento.

No es posible desarrollar un proceso TPM en un ambiente de mando y control. Debe existir un primer paso de aceptar la necesidad de cambio y renovación de la cultura existente y es una tarea que no es sencilla y requiere de ayuda experta y especializada. Sin embargo, no es necesario esperar haber evolucionado el managemet para implantar TPM. Este tiene el poder de cambio en sus prácticas, que ayudan significativamente a la construcción de los espacios de confianza, como sucede por ejemplo, con la organización de Pequeños equipos de Trabajo (PET´s), reuniones diarias de gestión operacional, caminatas en el Gemba, pero en especial, a través de la múltiples rutinas de diálogo y conversación que propicia el trabajo con la metodología TPM.

Para concluir, considero que la herramienta más potente que tiene TPM es el empleo generativo de las conversaciones y diálogo en los lugares de trabajo, frente a las ayudas como los tablones de gestión visual.

Humberto Alvarez Laverde

Barcelona, Septiembre – 2016

 

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